Boa noite

Ella se levantó como cualquier otro día, se metió a bañar, se lavó los dientes, se perfumó lo necesario y salió de casa. (Lástima que esa mañana no escogió su mejor lencería ni se depiló las piernas). 

Todo estaba casi dentro de la rutina de lo que hacía, pero esta noche la esperaba algo que ni ella planeaba. 

Por la noche ella estaba atenta a lo que venía, pero algo cambió, lo conoció. 

Ella siempre ha tenido un gran feitiço, estar con una persona como él. 

Primero lo miró de lejos, lo admiró como si fuera un dulce en el aparador de la tienda, se sintió atraída por su belleza y su gran talento. Así lo dejó. 

Al finalizar no se le pudo acercar, a rastras la llevaron para que lo saludara, ella no podía hablar. 

¿Por qué? ¿Acaso nunca había hecho eso? ¿Quizá era tan mojigata que ni a eso se atrevía? Sólo era practicar el idioma y decir hola. 

Pasaron las horas, bebió de su mezcal, pues total qué podía pasar. 

“Quiero conocer México, ¿me acompañas?”, wow, eso no lo esperaba, nunca creyó que el chico que le gustara saliera con ella. 

Después de tantos vacíos y rompimientos amorosos lo que menos quería era salir con alguien, afortunadamente recordó la voz de su amigo al otro día diciéndole “lo hubieras hecho”. 

Se armó de valor, se arriesgó, se fue con él. Un completo extraño que acababa de conocer y qué. ¿Quién la podía juzgar? Todo el mundo, pero lo importante era que ella no tenía porque juzgarse. Así que…

Mientras caminaban en la madrugada y él la abrazaba, ella pensaba lo nuevo que era esto y que ya no estaba para estas cosas del flirteo, peeeeero, ¿por qué, acaso la gente ya no se puede enamorar, sentir, experimentar, conocer y equivocarse de nuevo? ¿Acaso hay una edad? Naaaa. 

Sí, se había equivocado y muy gacho, pero eso no era motivo para tirar todo por la borda y levantar un muro para que nadie se le acercara. 

Estaba decida, esta noche iba a ser la primera, la mejor y la iba a disfrutar sin pensar en el “hubiera” y así lo hizo. 

Esa fue una de las mejores noches de amor de su vida. Lo demás ya no se puede describir. Pero ahora sabe que habrá más noches como esta y todos serán “las mejores”. 

Lo mejor es que para ella ya no existe el “hubiera”. 

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Acerca de Dalila Andriano

Periodista, deportista, clinomaniaca y ahora toda una #SeñoraDeLaCasa.
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