Te busqué 

Te busco, te encuentro, no sé por qué lo hice, miento lo sé, pero no quiero aceptarlo.

Conocí a alguien, quería saber si tú también. Quería saber si pensabas en mí como yo en un arrebato lo hice.

La curiosidad me mató, pero, ¿y si no ha matado algo más, si no es sólo esta ansiedad?

Trabajé para alejarte, lo hiciste, me dio miedo que hicieras algo, al final ya no supe.

Al buscarte sé que hemos estado en el mismo lugar varias veces y el destino no ha dejado que nos juntemos, quizá sea por algo o por alguien. O quizá me has visto y has preferido ignorarme y seguir corriendo de mi lado.

Te busqué esperando hallar… encontré parte de lo que quería, ahora es este maldito recuerdo el que no puedo olvidar.

Es esa persona a la que no pudiste dejar y me doy cuenta que ahí está cuando dijiste que saldría y no volvería jamás.

Y al buscarte también llegó el recuerdo al pasar por donde comíamos, donde nos besábamos, donde me prometías amor eterno, donde vivimos y ahora no sé qué estoy sintiendo. No sé para qué te busqué.

Si tan sólo nunca hubieras querido salir corriendo cada tantos meses, si tu familia no fuera un asco, si otra mujer no te hubiera prohíbo nada, si entre tus prioridades hubiera estado yo, si me hubieras querido como lo decías, si el pedacito de compromiso se hubiera cumplido, si tan sólo nunca me hubieras mentido, si tan sólo yo no te hubiera buscado esta vez. Eso ya pasó, te busqué, pero tú a mí ya no, eso me tranquiliza, aunque ahora saber lo que sé, me irrita.

Hoy estaríamos juntos, quizá en otro país como la vez pasada cubriendo esto que no puedo dejar de seguir minuto a minuto con la esperanza de verte como aquella vez en las fotos oficiales.

Quizá también sonaría mi teléfono como a minutos de dar el anuncio más esperado en más de 50 años me llamaste para decirme “te amo y este hombre que es de los más importantes del mundo, no me quita el sueño como me lo quitas tú, está a dos segundos de empezar, ¿escuchas?, no es John, es mi corazón latiendo por ti”.

Muero por pasear por el Malecón tomados de la mano, porque me mires como lo hiciste aquella vez, esa en que el viaje fue perfecto y despertábamos con el Radioreloj.

Ahora me quedo con eso, aunque la verdad quisiera estar allá contigo en este gran acontecimiento que no me deja concentrarme.

Recuerdo tu poesía que a diario me hacía vibrar, recuerdo tus letras, tu redacción, de las mejores que he leído, siempre puntual, siempre atinada, siempre la más hermosa y así lo sigue siendo, pero esta vez guardada en mi corazón.

Es ahora que ya no tengo nada y está a punto de empezar el discurso de tu jefe, ahora no tengo mi llamada de larga distancia, no tengo ese mensaje que dice “estoy pensando en ti, amor”, no lo tengo, pero ahora sé que ya recuperé mi corazón, este que dejaste, este que suplicó por tu amor, este que te siguió hasta donde pudo, este que dejaste aquí abandonado y destrozaste a diario. Ahora lo tengo y lo sabré ocupar de nuevo.

Y es en este último cigarro que te dedico, que me doy cuenta que no sólo existe un punto final, también hay punto y seguido y punto y a parte.

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Acerca de Dalila Andriano

Periodista, deportista, clinomaniaca y ahora toda una #SeñoraDeLaCasa.
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